No es que tenga el blog abandonado… es que a raíz del último post y una referencia que encontré, la cosa se me fue de las manos y acabé en una investigación de 70 páginas sobre el dolor crónico que me secuestró full time. Hoy quería hablar sobre la limerencia… y mi punto de vista sobre ella.
Pues bien, hubo una señora llamada Dorothy Tennov (1999), que en su día, se puso a estudiar “el amor”… y no fue hasta que, comentando con una amiga sus experiencias en el “amor” que se no se dió cuenta de que lo que ella vivía era en realidad otra cosa…
Según Tennov, la limerencia es un estado mental involuntario de atracción romántica intensa, caracterizado por una necesidad obsesiva de reciprocidad emocional, idealización del «objeto limerente» (persona deseada) y pensamientos intrusivos constantes que a menudo implica angustia, del Objeto Limerente (LO) y cuya configuración y desenlace depende de la existencia de cierta incertidumbre o barrera respecto a la reciprocidad o unión.
Yo agregaré que, según los estudios de Tennov, esto acarrea consecuencias negativas para la persona limerente que emplea todos sus recursos con foco total en el LO y cuyo ánimo dependerá de la percepción de interés o interacciones positivas con el mismo.
Lo que es para mí, más interesante sobre la limerencia, es que es muchísimo más común de lo que se ha postulado… es tan común, que tal vez el 90% (posiblemente más) de las canciones de “amor”, son pura limerencia! “Dime que no” de Arjona, es un himno limerente! Por qué? porque él reconoce que si hubiese reciprocidad, se afectaría lo que él siente, le pide nada más ni nada menos, que incertidumbre, así se mantiene “enamorado”.
La incertidumbre o el desafío son el combustible (que bien dicho sería comburente) de la limerencia. Cuánto de normalizada está, que todos los amores de los dibujos animados de Disney, se han basado en la limerencia, es decir, “amores” basados en incertidumbre o con ciertas barreras o dificultad… desde la cenicienta y Jazmín -por diferencias en clase social-, a la sirenita por imposibilidad de especie, pocahontas con el “enemigo” colonizador y la bella con su bestia… (nadie olvida el rostro himno a la decepción de bella cuando bestia se convirtió en humano).
Eso en la vida real se traduce en que te atrae tu compañer@ de trabajo, alguien que vive en otro sitio complicado, alguien muy mayor -o muy menor-, tu jefe, alguien de distinta clase social (hacia arriba o hacia abajo) o incluso alguien que ya tenga pareja, you name it.
¿Pero cómo sabría si es limerencia? Sencillo, la limerencia, a diferencia del enamoramiento o interés normativo, tiene URGENCIA (la típica persona que de un día al otro, deja a su familia o a su pareja o el trabajo si es para estar juntos..) PERO que, si logran sortear los obstáculos y pueden al fin, estar juntos… pues eso que sentías, se cae. El punto «obsesivo» también es parte… una cosa es que alguien te atraiga y le quieras ver, y otra es stalkearle las redes para ver dónde podrías encontrarle casualmente o pasar 3 veces al día por su casa… que, también creo que puede que esté bastante normalizado pero roza el acoso si lo vemos de forma objetiva. Está en tu cabeza casi todas las horas del día y, -mientras no te rechacen- tu vida se ilumina y caminas por las nubes.
Puede incluso suceder que te pongas a pensar y que todas las personas que te han gustado hayan sido limerencia… y el punto es, yo creo saber el por qué.
Tengo la hipótesis de que, la limerencia es exclusiva del apego inseguro, una persona con apego seguro no vuelca toda su vida de golpe por la obsesión con una persona, a ver sus redes, a fantasear con cruzarla, etc.
Entonces nos quedaríamos con la hipótesis de que, el apego inseguro es condición para presentar limerencia. Algunos autores han vinculado al fenómeno de la limerencia con el apego inseguro y otros específicamente señalan al apego ansioso (Feeney & Noller, 1990 ; Hazan & Shaver, 1987; ; Wakin & Vo, 2008).
El vínculo de apego inseguro con limerencia surge también porque, yo entiendo que la raíz del apego inseguro (cualquiera de ellos) ha sido trauma vincular, y con trauma no me refiero al extremo de Adverse Childhood Experiences (el test Aces, muy utilizado en psicología pero un poco extremo). Sino que me refiero a esto que articulé de esta forma: el trauma relacional temprano puede conceptualizarse como una alteración del desarrollo del sistema de apego, resultante de interacciones repetidas que exceden la capacidad de regulación del niño, y que se manifiesta en patrones de apego inseguro.
Ejemplos que se vinculan con determinados tipos de apego:
Apego Ansioso (Ansiedad de Separación / Hiperactivación) funcionales (Amígdala, Hipocampo, PFC)
El núcleo aquí no es el abandono físico en el shopping, sino la inconsistencia afectiva.El ejemplo «light»: Un padre o madre que solo es cariñoso cuando está de buen humor o cuando el niño hace algo que le hace quedar bien ante los demás.
La dinámica: El niño aprende que el amor es un recurso volátil. «Si mamá está cansada, me ignora; si está contenta, me abraza». Esto genera una hipervigilancia constante de las señales no verbales del adulto para predecir cuándo recibirá afecto, lo que en la adultez se traduce en «necesidad de validación constante».
Apego Evitativo (Sensibilidad al Rechazo / Desactivación), Hipocampo, PFC)
Aquí la clave es la invalidación de la vulnerabilidad. No es odio, es «frialdad funcional».<
El ejemplo «light»: Un niño que se cae y llora, y el padre le dice con tono tranquilo pero firme: «No es para tanto, levántate y sé valiente, no me llores por tonterías». O un padre que premia la independencia extrema (ej. «Qué bueno eres, no pides nada, ni te noto»).
La dinámica: El niño entiende que sus emociones «negativas» incomodan o alejan al cuidador. Para mantener la cercanía, aprende a suprimir su sistema de apego. En la ciencia lo llamamos «estrategia de desactivación»: si no necesito a nadie, nadie puede rechazarme.
Apego Desorganizado (Trauma de Traición / Paradoja Biológica)
No requiere golpes; requiere que el «puerto seguro» (es decir el refugio que representa un padre o madre) sea, a la vez, una fuente de confusión o miedo sutil. (El narcisismo encubierto es experto en esto).
El ejemplo «light» (El «doble vínculo»): El padre que te castiga y, mientras lloras, te obliga a abrazarlo porque «lo hace por tu bien y le duele más a él que a ti». O el padre que utiliza el sarcasmo o la burla sutil para corregirte, y si te quejas, te dice que «no tienes sentido del humor» o que «eres muy sensible».
La dinámica: Esto crea un colapso en el procesamiento de la información. El cerebro del niño recibe dos señales contradictorias: «Te amo/Soy tu protector» y «Te humillo/Te asusto».
Como no puedes huir (porque eres un niño) ni pelear (porque es tu padre), el cerebro se disocia. Es la «traición» a la función biológica de protección del progenitor.
Ya veremos por qué introduzco el trauma relacional; en primer lugar, algunos autores ya vinculan el trauma con el apego inseguro (Lo et al., 2019; Pourová et al., 2020; Raby, Labella, Martin, Carlson & Roisman, 2017; Weinfield, Sroufe & Egeland, 2000), y luego, porque hay evidencia de que el trauma en la infancia tiene consecuencias en el cerebro, que, a mi entender, podrían estar fuertemente vinculadas con el origen de la limerencia.
Siganme con atención que los estoy llevando por la secuencia dominó. Aqui el ejemplo de lo que se ha estudiado de cómo se configuran los diferentes estilos de apego según las vivencias vinculares tempranas. (Como estoy con varios proyectos a la vez, el colega Gemini les ha hecho un resumen con las referencias que ya tenía de trabajos para la uni:)
Alteraciones estructurales y funcionales (Amígdala, Hipocampo, PFC)
El trauma temprano impacta la arquitectura cerebral, reduciendo el volumen del hipocampo y la corteza prefrontal (PFC), mientras que genera una hiperreactividad o crecimiento prematuro en la amígdala. (Bick & Nelson, 2016; Teicher et al., 2016).
Detalle: Teicher et al. (2016) demuestran que el maltrato actúa como un «estresor ecofenotípico» que altera la conectividad entre estas áreas, dificultando la regulación top-down de las emociones.
Desregulación del eje HPA y Cortisol
La exposición crónica al estrés en etapas críticas reprograma la respuesta neuroendocrina, resultando a menudo en un perfil de «embotamiento» (hipocortisolismo) o hiperreactividad persistente. (Hanson et al., 2015; Rincón-Cortés & Sullivan, 2014).
Detalle: Rincón-Cortés y Sullivan explican cómo el estrés temprano altera la emergencia de las respuestas de miedo mediadas por el eje HPA, lo que deja una huella permanente en cómo el organismo maneja futuros estresores.
Déficits en Regulación Emocional y Control Ejecutivo
El trauma relacional temprano interfiere con la maduración de las áreas prefrontales encargadas de la inhibición y la toma de decisiones. McLaughlin, 2016; Pechtel & Pizzagalli, (2011).
Detalle: McLaughlin (2016) propone que la «privación» y la «amenaza» afectan de manera distinta al control ejecutivo, siendo la privación (negligencia) un predictor fuerte de déficits cognitivos y de atención.
Cambios en Redes de Recompensa (Núcleo Accumbens)
El estrés temprano altera el procesamiento de estímulos positivos, lo que puede derivar en anhedonia o conductas de riesgo por búsqueda de recompensa. (Hanson et al., 2015; Pechtel & Pizzagalli, 2011).
Detalle: Pechtel y Pizzagalli (2011) documentan una reducción en la respuesta del núcleo accumbens ante recompensas, una base neurobiológica común en la depresión post-traumática.
Inflamación Sistémica y Neuroinflamación
Existe una relación clara entre el estrés temprano y niveles elevados de citocinas proinflamatorias (como IL-6 y proteína C reactiva) que perduran hasta la adultez. (Bick & Nelson, 2016; Teicher et al., 2016).
Detalle: Estos autores sugieren que el sistema inmune se «alerta» de forma permanente, contribuyendo no solo a trastornos mentales sino también a enfermedades físicas a largo plazo.
Marcas Epigenéticas y Expresión Génica
La adversidad temprana se «escribe» en el ADN a través de procesos de metilación, afectando la expresión de genes clave como el del receptor de glucocorticoides (NR3C1). (Opendak & Sullivan, 2017; Teicher et al., 2016).
Detalle: Opendak y Sullivan resaltan cómo estas modificaciones epigenéticas permiten que el cerebro se adapte a un ambiente hostil, aunque a un costo biológico elevado.
Alteraciones en Neurotransmisores (Serotonina y Dopamina)
El trauma temprano modifica la disponibilidad y el funcionamiento de los receptores de monoaminas, aumentando la vulnerabilidad psiquiátrica. (Pechtel & Pizzagalli, 2011 ; Rincón-Cortés & Sullivan, 2014).
Detalle: Las alteraciones en el sistema dopaminérgico del estriado ventral (recompensa) y los circuitos serotoninérgicos de la rafe son hallazgos consistentes en modelos de ELS.
Sistema Endocannabinoide (CB1, FAAH, AEA/2-AG)
Evidencia reciente indica que el estrés temprano desregula la señalización endocannabinoide, la cual es crucial para la extinción del miedo y la resiliencia. (Hill et al., 2018 ; Morena et al., 2016).
Detalle: Los estudios muestran que el trauma reduce los niveles de Anandamida (AEA) y altera la expresión de receptores CB1, lo que impide que el cerebro «frene» la respuesta de estrés de manera efectiva.
(no se asusten, nuestro cuerpo y cerebro son tan perfectos, que con tratamiento y en condiciones adecuadas -no en cronodisrupción-, casi todo es reversible).
Luego de esto, -lo siento si fue un poco intenso- mi propuesta es, que si un niño ha sufrido estos cambios en su cerebro, le hará un gran candidato para la limerencia, ya que, el estado de limerencia sería tal vez, la única forma de “amor” que le provea de suficiente “ilusión”, motivación…y ¿seguridad? es un cerebro que necesita un “extra” y eso lo proveerá la incertidumbre, pero también porque al no consumarse, sigue generando neurotransmisores y “no se acaba” ese cóctel, como si lo extinguiría: un vínculo seguro, estable y predecible.
Es tal vez una forma “aditivada” de amor, para cerebros que no encuentran estímulo suficiente en el amor tradicional.
Pero esto no acaba aquí (por supuesto, si intensa es mi tercer apellido). En un proyecto de investigación que hice el semestre pasado, me animé a algo bastante más osado para lo que, aún no hay literatura de referencia, y es que, propongo que cada estilo de apego inseguro, tiene además, su propia motivación intrínseca servida por la limerencia. O como lo puse en ese momento;
“se postula entonces que la limerencia es un fenómeno adaptativo que surge de la necesidad de regulación del estado basal atípico consecuencia de ese trauma y cuyo mecanismo se configura respecto del estilo de apego: si el sujeto tiene una estructura que valora la seguridad y que suele vincularse con “heridas” de abandono (Cassinat et al., 2022) (apego ansioso), la barrera de incertidumbre le permite idealizar reciprocidad y unión, sin exponerse al abandono, si se valora el control, la valía -por ese miedo a la traición- (Freyd, 1994) (apego desorganizado) la barrera de desafío es perfecta porque ofrece una recompensa que le evita la traición le empodera y si se valora la independencia y autosuficiencia -para evitar el rechazo- (Öztürk & Mutlu, 2019). (apego evitativo) y se aborrece la intimidad/vulnerabilidad, la barrera de imposibilidad asegura gran suceso.” (Pandolfi, 2025).
Si bien, he comentado que normalmente la reciprocidad y consumación “apagan” la limerencia, yo personalmente creo que existen casos en el que, puedes seguir en limerencia aún en pareja.
Propongo que sería un traslado de barrera formal a barrera funcional (vínculo o pareja inestable, amenaza constante de pérdida) lo que constituiría limerencia mantenida por incertidumbre relacional dinámica, no por imposibilidad estática. Pudiendo estos casos corresponder a un fenómeno frecuentemente denominado ‘trauma bonding’, que en muchos contextos carece de una definición operacional clara y suele confundirse con dinámicas de apego activado bajo refuerzo intermitente. Desde esta perspectiva, dichos vínculos podrían conceptualizarse como formas de limerencia mantenida en contextos relacionales inestables más que como un fenómeno distinto.
Me gustaría saber qué piensan de esto, y para aquellos que quieran investigar más sobre el tema comentarles las limitaciones que he visto en cuanto a la literatura actual: lamentablemente los estudios realizados hasta ahora en limerencia, han fallado en considerar a todos los estilos de apego, craso error cuando han estado investigando algo tan vinculado al apego, pero es verdad que para definir apego de forma seria se necesita un buen presupuesto y probablemente entrevistas (la Adult Attachent Interview AAI). Pero es ciertamente una lástima porque en sus resultados, ha quedado solapado el apego desorganizado. Aunque y el factor ya mencionado de la exclusión del apego desorganizado, muy relevante el hecho de que los participantes de los estudios son por lo general personas que ya se han identificado como limerentes y esto acarrea cierto grado de auto-observación, meta-cognición y conciencia -además de interés en la mejora en asuntos emocionales o del corazón- que por lo general se asocian mas al estilo de apego ansioso. Y precisamente no es para nada compatible con el perfil de una persona con apego evitativo (a mi entender por esto muchas veces no se le ha vinculado del mismo modo que el apego ansioso) y por último, los test o escalas que se han diseñado para medir limerencia, -que parten desde estas carencias mencionadas- no contemplan manifestaciones de limerencia particulares a otros estilos de apego (la persona con apego evitativo no vivirá ni expresará su limerencia del mismo modo que una persona con apego ansioso). También, me parece que en algunos textos se trata a la limerencia como algo tal vez mas hacia el lado de la patología y sin embargo, a mi parecer es tan común como la existencia del apego inseguro.
Referencias
Bick, J., & Nelson, C. A. (2016). Early adverse experiences and the developing brain. Neuropsychopharmacology, 41(1), 177–196. https://doi.org/10.1038/npp.2015.252
Cassinat, J. R., Camp, G. G., Whiteman, S. D., & Jensen, A. C. (2022). Attachment, emotion regulation, and well-being: The mediating role of emotional intelligence. Journal of Child and Family Studies, 31(12), 3326–3338. https://doi.org/10.1007/s10826-022-02363-x
Feeney, J. A., & Noller, P. (1990). Attachment style as a predictor of adult romantic relationships. Journal of Personality and Social Psychology, 58(2), 281–291. https://doi.org/10.1037/0022-3514.58.2.281
Freyd, J. J. (1994). Betrayal trauma: Traumatic amnesia as an adaptive response to childhood abuse. Ethics & Behavior, 4(4), 307–329. https://doi.org/10.1207/s15327019eb0404_1
Hanson, J. L., Nacewicz, B. M., Sutterer, M. J., Cayo, A. A., Schaefer, S. M., Rudolph, K. D., Frye, C., Dierking, K., Pollak, S. D., & Davidson, R. J. (2015). Behavioral problems after early life stress: Contributions of the hippocampus and amygdala. Biological Psychiatry, 77(4), 315–323. https://doi.org/10.1016/j.biopsych.2014.04.020
Hazan, C., & Shaver, P. (1987). Romantic love conceptualized as an attachment process. Journal of Personality and Social Psychology, 52(3), 511–524. https://doi.org/10.1037/0022-3514.52.3.511
Hill, M. N., Campolongo, P., Yehuda, R., & Patel, S. (2018). Integrating endocannabinoid signaling and cannabinoids into the biology and treatment of posttraumatic stress disorder. Neuropsychopharmacology, 43(1), 80–102. https://doi.org/10.1038/npp.2017.162
Lo, C. P., Humphreys, K. L., Wigley, K., & Gotlib, I. H. (2019). Attachment and cognitive-affective responses to emotional stimuli in children with a history of early-life stress. Child Abuse & Neglect, 93, 111–121. https://doi.org/10.1016/j.chiabu.2019.04.015
McLaughlin, K. A. (2016). Future directions in childhood adversity and youth mental health: Conceptual and biological mechanisms. Journal of Clinical Child & Adolescent Psychology, 45(3), 361–382. https://doi.org/10.1080/15374416.2015.1110823
Morena, M., Patel, S., Bains, J. S., & Hill, M. N. (2016). Neurobiological interactions between stress and the endocannabinoid system. Neuropsychopharmacology, 41(1), 80–102. https://doi.org/10.1038/npp.2015.166
Opendak, M., & Sullivan, R. M. (2017). Unique aspects of infant learning and epigenetic changes following early life stress. Learning & Memory, 24(9), 426–440. https://doi.org/10.1101/lm.044149.116
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Pechtel, P., & Pizzagalli, D. A. (2011). Effects of early life stress on cognitive and affective function: An integrated review of human literature. Psychopharmacology, 214(1), 55–70. https://doi.org/10.1007/s00213-010-2009-2
Pourová, M., Řiháček, T., & Böhmová, L. (2020). Attachment and early-life trauma: A systematic review of the relationship between childhood maltreatment and adult attachment styles. Journal of Traumatic Stress, 33(5), 684–696. https://doi.org/10.1002/jts.22552
Raby, K. L., Labella, M. H., Martin, J., Carlson, E. A., & Roisman, G. I. (2017). Childhood abuse and neglect and insecure attachment states of mind in adulthood: A prospective examination. Development and Psychopathology, 29(3), 853–863. https://doi.org/10.1017/S095457941700085X
Rincón-Cortés, M., & Sullivan, R. M. (2014). Early life stress and the onset of the amygdala’s role in fear conditioning. Frontiers in Behavioral Neuroscience, 8(310). https://doi.org/10.3389/fnbeh.2014.00310
Teicher, M. H., Samson, J. A., Anderson, C. M., & Ohashi, K. (2016). The effects of childhood maltreatment on brain structure, function and connectivity. Nature Reviews Neuroscience, 17(10), 652–666. https://doi.org/10.1038/nrn.2016.111
Tennov, D. (1999). Love and limerence: The experience of being in love (2.ª ed.). Scarborough House. (Obra original publicada en 1979).
Wakin, A., & Vo, D. B. (2008, septiembre). Love-variant: The limerent experience. Trabajo presentado en la Conferencia de la Western States Communication Association, Broomfield, CO, Estados Unidos.
Weinfield, N. S., Sroufe, L. A., & Egeland, B. (2000). Attachment from infancy to early adulthood in a high-risk sample: Continuity, discontinuity, and their correlates. Child Development, 71(3), 695–702. https://doi.org/10.1111/1467-8624.00178
Un comentario
Esta corretíssimo tu estudio,lo leí y estoy de acuerdo te felicito,los niños hasta cierta edad son discos duros vírgenes ,yo estoy más en el corazón y estómago y en mi mente creo mi realidad amorosa all you need Is love, gracias